Carignan toma impulso global

Carignan

Vigno, el grupo de viñateros del secano maulino, trabaja para implementar un sistema externo de fiscalización antes de fin de año. También se apunta a crecer en las ventas dentro de Chile.

El pasado jueves, en Argentina, en medio de los análisis de lo que ocurre con la política de ese país, se habló de vino chileno. No de cualquiera, sino que de una variedad: el carignan.

En la versión 2019 del encuentro Premium Tasting de Mendoza —que reúne a los mejores vinos trasandinos— tres viñateros, Julio Bouchon, Derek Mossman y Andrés Sánchez, hablaron sobre Vigno, la organización que reúne a 15 viñas chilenas que trabajan para potenciar el carignan del secano del Maule.

—Personalmente, me interesa la elaboración de vino de viñas viejas. Acá Vigno no se conoce y es muy bueno que los argentinos sepan sobre este trabajo —afirma Nicolás Alemán, organizador de Premium Tasting.

Tras ocho años desde su fundación, Vigno está dando que hablar. Lo que era una variedad de segundo orden hace una década, hoy es un estandarte de identidad para el vino chileno. La organización está creando lazos internacionales y metiendo al carignan maulino dentro del movimiento mundial de rescate de parras y cepajes antiguos.

Todavía el volumen que generan los integrantes de Vigno es pequeño, cerca de 5.000 cajas en conjunto, pero con alto valor.

El precio promedio de la caja exportada por las viñas del grupo ronda los US$ 100. Para tener un punto de comparación, el promedio de la caja chilena se vende a US$ 27.

Sin embargo, se vienen cambios importantes para Vigno. A fines de año, el grupo partirá con una certificación externa de las prácticas exigidas a sus integrantes a fin de año. Además, afina una estrategia para potenciar el consumo a nivel local.

Salir a la calle

A fines de julio, Vigno dio la primera señal de los nuevos tiempos. En un local de la Municipalidad de Providencia, junto a la céntrica avenida homónima, se reunió un centenar de personas para el primer Seminario Internacional de Carignan. Buena parte de ellos eran sommeliers, periodistas y enólogos.

Los viñateros californianos Morgan Twain MW y Matt Naumann contaron sobre el desarrollo del carignan en Estados Unidos. La sommelier Kelli White expuso sobre el rescate de los viñedos viejos en el Nuevo Mundo.

La llegada de los expositores californianos no fue al azar, es parte del esfuerzo por conectarse con las redes internacionales del vino.

Además, fue el primer evento masivo que realiza Vigno en Santiago. El objetivo expreso fue generar impacto público.

—El carignan chileno es más conocido en los países desarrollados que acá. Queremos que los chilenos valoren su calidad y lo que representa. Que salga a la calle. Que a la hora de ir a un asado lleven una botella de carignan —afirma Julio Bouchon, presidente de Vigno.

Bouchon tomó la cabecera del grupo este año y cree que tras ocho años de trabajo en conjunto los integrantes de Vigno están listos para dar un salto en volumen.

—Son cerca de 800 hectáreas de carignan que existen, pero solo 100 se venden como Vigno. Los agricultores que trabajan con el grupo reciben cerca de US$ 1 por kilo de uva. Los que no están dentro de ese grupo quedan expuestos a los bajos precios que se pagan por la uva de secano. Si queremos hacer sustentable la producción de uva, que esos productores vivan dignamente, hay que aumentar el volumen que vende Vigno —sostiene Bouchon.

El presidente de Vigno apuesta a desarrollar actividades de promoción de la cepa en restaurantes y bares.

Como una especie de operación de pinzas, el otro frente de trabajo son los campos y bodegas.

Vigno está trabajando para que una organización externa —probablemente la Universidad de Talca— comience a supervisar que las empresas vitivinícolas cumplen con las exigencias de Vigno (ver recuadro).

El objetivo es caminar a una situación similar a las DOC (denominación de origen controlada) de Europa. En el Viejo Continente un ente gubernamental se encarga de vigilar el cumplimiento de las reglas, pero en la entidad no creen que por el momento sea factible, debido al escaso volumen de producción.

Lo que sí está claro es que con 15 socios, más un esperado aumento de producción, se requiere un sistema que dé garantías a los consumidores y que cuide el prestigio ganado.

—Vigno creó una categoría y hay que cuidarla. Lo que se hizo fue profundo, pues llevó el vino hacia el territorio. En cambio, Chile ha estado centrado en las marcas, se ha vuelto anónimo, y eso lo convierte en un commodity —afirma Andrés Sánchez, de viña Gillmore.

Sánchez cree que el ejemplo de Vigno puede ser repetido en otros valles y cepajes. Por ejemplo, un espumante típico de Casablanca o la definición de pautas para el cabernet sauvignon de la parte alta del valle del Maipo son objetivos factibles. Pasa lo mismo con Peumo y el carmenere.

Fuente: Revisa del Campo de El Mercurio